Siglo XIX. La gran transformación

Unos difíciles comienzos. No se consiguieron los objetivos de desarrollo económico, y se entrará en el siglo XIX con la asolación de varias epidemias; sin olvidar los efectos de la gran sequía que hubo hacia los años 20. También tuvo que ver con esta situación la guerra contra los franceses, que dejó exhaustas las arcas municipales y los escasos caudales de muchos veratenses, sujetos a violentas exacciones impuestas tanto por el ejército francés como por el ejército español y las partidas de patriotas. En el Trienio liberal (1820-1823), repuesta la Constitución de 1812, se constituye la Milicia Urbana, encargada de defender los valores que la Carta Magna encarnaba. La Milicia responde a una tradición iniciada en la Revolución francesa, en la línea del 'pueblo soberano en armas'. Con la reacción absolutista que se inicia en 1823, los antiguos milicianos sufrirán las consecuencias de la represión. Como contrapartida de la Milicia Urbana, durante la Década absolutista (1823-1833) funcionará el llamado Tercio de Voluntarios Realistas, dispuestos a defender los derechos sagrados del Trono. La Milicia Urbana o Nacional, fuerza de choque del liberalismo, reaparece en 1834, cuando se inicia la transición hacia el régimen constitucional, una vez fallecido Fernando VII, y se plantea la sucesión al trono de su hija Isabel (primera guerra carlista).


En 1838 la aproximación de la facción carlista de Tallada produce la movilización de la Milicia y a su cabeza el veratense Ramón Orozco (político y empresario). Consideramos interesante detenernos en la vida de este hijo de Vera, ya que, por causas desconocidas, ha quedado bastante olvidado en la memoria colectiva de su ciudad natal, a pesar de haber sido posiblemente el de más relevancia política, económica y social de todos los tiempos. Ramón Orozco (1806-1881) era hijo de una familia de tradición liberal. Su padre, Juan Antonio Orozco López, se había enriquecido con el comercio y dirigió la Milicia Urbana de Vera durante el Trienio liberal (1820-1823), haciéndose cargo del Ayuntamiento durante los meses de régimen constitucional. Su hijo Ramón siguió las ideas políticas de la familia y desde muy joven manifestó una fuerte inclinación hacia las posiciones más progresistas del liberalismo.


Será el principal impulsor de la reorganización de la Milicia Nacional de 1834, siendo su comandante en Vera. Forma parte de la Junta de Gobierno de 1835 y cuando José de Salamanca (el futuro y celebérrimo Marqués de Salamanca) juez de Primera Instancia del Partido de Vera y alcalde mayor de la ciudad marcha a Madrid, se hace cargo de la alcaldía mayor de Vera. El 24 de junio de 1844, el mismo Ramón Orozco, por entonces ya líder indiscutible del partido progresista de la provincia de Almería, intenta en Vera una asonada contra el Gobierno moderado, dispuesto a liquidar la Constitución de 1837, que culmina con la declaración del estado de excepción en Vera y pueblos de su partido, decidida por el comandante general de la provincia.


Será diputado a Cortes por primera vez en 1839, repitiendo por el distrito de Vera en 1846, 1850, 1851, 1854 y 1869. Trasladó su residencia a Almería capital hacia 1850, tras haberse enriquecido de una manera vertiginosa con los beneficios generados por su mayoritaria participación en la mina 'Observación' de Sierra Almagrera y en la fundición 'San Ramón' de Garrucha. Presidió la Junta Revolucionaria de 1868 en Almería, con lo que nuestra provincia se suma a la Gloriosa. Más tarde fue gobernador interino.

 
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