Vera, ciudad cristiana

La nueva población de Vera, junto con la de Mojácar, constituyó un oasis de población cristiana en medio de una mayoría predominantemente morisca (cristianos nuevos) que ocupan toda el área rural durante la mayor parte del siglo XVI.


Las condiciones de vida pactadas con esa mayoría mudéjar en las capitulaciones durante los días de la conquista van a ser progresivamente olvidadas por la Administración cristiana. Aumento de impuestos, violentas expropiaciones y, sobre todo, la imposición desde 1501 de la obligatoriedad de bautizarse y abandonar las prácticas islámicas, crean descontento entre los moriscos. La piratería berberisca procedente del Norte de áfrica crea inseguridad en los escasos reductos cristianos y encuentra cobijo y apoyo en el descontento morisco. Por fin, en la Nochebuena de 1568 se inicia una sublevación en las Alpujarras, donde se proclama rey Aben Humeya (Hernando de Válor), que pronto se extenderá al resto del Reino de Granada. Rápidamente se notarán las repercusiones de esta sangrienta guerra civil en la comarca de Vera.
En marzo de 1569, todos los moriscos de Teresa y Cabrera, entonces parte de la jurisdicción de la ciudad, huyen a Berbería (Magreb) en cuatro navíos que habían recalado en la costa. Desde entonces estos lugares quedarán despoblados. En el transcurso de la sublevación morisca, el día 25 de septiembre, se produjo el asedio de la ciudad por el ejército de Aben Humeya. Las esperanzas del rey morisco de conseguir con Vera una amplia zona costera por donde recibir refuerzos del Norte de áfrica se verán frustradas por la defensa cristiana y por la intervención de las tropas procedentes de Lorca.


Para conocer la realidad de los hechos ocurridos en esta sublevación, tenemos la suerte de poder acudir a los testimonios escritos que nos han quedado tanto en el Archivo Municipal de Vera, como en el de Lorca, donde vemos plasmados los hechos tal y como los vivieron los testigos de la época, ediles y gentes de armas que participaron activamente en estos momentos de la sublevación.


A lo largo de todo el año de 1569 los vecinos veratenses vivieron en una situación de verdadero terror, ya que conocían la sublevación de los pueblos cercanos Sorbas, Antas, Bédar, Purchena, Zurgena, Teresa, Cabrera, con el consiguiente peligro para Vera. Las peticiones de ayuda militar a los vecinos lorquinos son constantes a lo largo de 1569, incluso el rey Felipe II ordena a Lorca prestar ayuda en caso de cerco. Por fin, al amanecer del día 25 de septiembre, Aben Humeya al frente de su ejército puso cerco a Vera y la estuvo asediando hasta las siete de la tarde, en que se retiraría con sus tropas ante las noticias del auxilio de las fuerzas lorquinas. Los testimonios que se han conservado nos cuentan que según los testigos Juan Soler Oliver, vecino y regidor de Vera, y Luís de Cárdenas, vecino y procurador de Lorca, ante el inminente asedio, la ciudad de Vera envió a Francisco Soler y a Martín Gómez, ambos a caballo, a pedir socorro a Lorca.


Esta imprescindible ayuda recibida en Vera desde Lorca nunca se ha olvidado, y a lo largo de los siglos se ha seguido manteniendo un hermanamiento del que ya se hablaba en 1595. Días más tarde, el 16 de octubre de 1569, el Cabildo proclama patrón de la ciudad a San Cleofás, cuya festividad coincidió con el día de la retirada del ejército islámico.


El fracaso de la sublevación culmina con la expulsión de la población morisca del Reino de Granada, primero, y de los territorios de la Corona en 1610. Muchos de los exiliados colaborarán con las incursiones berberiscas que se sucederán a lo largo de los siglos XVI y XVII, aumentando el cariz inhóspito de las tierras almerienses.


Tras la expulsión de los moriscos entramos en un período poco conocido, ya que las investigaciones históricas escasean para los siglos XVII y XVIII. En el siglo XVII, en 1606 concretamente, se concedió la instalación de los Padres Mínimos en Vera, para lo cual se levantó el edificio del Convento, del que en la actualidad sólo nos queda la iglesia. Estos Padres Mínimos estuvieron en Vera hasta el Trienio liberal (1820-1823), en que sufrieron los embates del proceso desamortizador.

 
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