Finalizado el turno de preguntas, la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Vera, Isabel de Haro, ofreció a la conferenciante una jarra de cinco picos, pieza alfarera característica de Vera

‘Vera, capital fronteriza del Levante del reino Nazarí. Siglo XV’, conferencia impartida por la catedrática María Arcas



02/09/2018

El ciclo de conferencias ‘El renacer de una ciudad’, promovido por la Comisión del V Centenario del Terremoto de Vera, se incrementó el pasado viernes con la ponencia “Vera, capital fronteriza del Levante del reino nazarí. Siglo XV”, dictada por la catedrática de Estudios Árabes de la Universidad de La Laguna (Tenerife), María Dulce Arcas Campoy, que, precisamente ese día, 31 de agosto, terminaba por jubilación sus días como enseñante, acabando así su larga y productiva etapa, desde 1976, como docente en la Universidad.

Al Salón de Usos Múltiples de la Plaza Mayor de Vera le faltó espacio para acoger a un expectante público que llenó el auditorio atraído por el prestigio de María Arcas, licenciada en Filosofía y Letras (Filología Semítica. Árabe-Islam) por la Universidad de Granada en 1970, obtuvo el Grado de Licenciatura un año después y el doctorado en Filología Semítica en 1982 por la misma Universidad. Ha impartido clases en las asignaturas de Lengua y Literatura Árabe, La Lengua Árabe y el Mundo Clásico, El árabe moderno en los países francófonos, Indoeuropeo y Lenguas Clásicas, Cursos de Doctorado y Masters, como el de La Interacción Cultural Andalusí-Mediterránea, de la Universidad Mohamed V, de Rabat. A ello se añaden dos libros escritos y más de 80 artículos, comunicaciones y ponencias en innumerables Congresos. Es coordinadora del Grupo de Investigación ESARIS (Estudios Árabes e Islámicos) y sus líneas de investigación cubren el Derecho y las Instituciones Islámicas (Al-Ándalus y Magreb), los documentos legales de moriscos (herencias, cartas de dote, etc.), la frontera oriental nazarí en los siglos XIV y XV, historia del derecho y de la sociedad, y la cuestión del Atlántico y las Islas Canarias en las fuentes árabes.

María Arcas, tras la introducción de la conferenciante efectuada por el archivero del Ayuntamiento de Vera, Manuel Caparrós, comenzó su disertación dando por sentado que Vera y la amplia tierra de su jurisdicción siempre se ha situado en una doble frontera, marítimo-terrestre, entre los reinos musulmán y cristiano, se describe esta tierra por el testimonio de algunos viajeros. Así, Ibn Al-Jatib, acompañando a Yusuf I, 1347, se refería a ella como ‘frontera extrema’ en la descripción de su viaje por estas tierras, comenzando con la frase: Y acampamos en Vera, Dios la guarde. La escasez de este tipo de valiosas fuentes históricas obligó a María Dulce a estudiar el documento más preciado del que se valió: el pleito jurisdiccional entre Vera y Lorca por la tierra de Huércal y Overa, conservado en los Archivos de Lorca y de Vera, y más concretamente, en los dos volúmenes de las probanzas de testigos (1511-1559), y en las escrituras notariales de protocolos.

Los testigos andalusíes de este documento, cristianos nuevos, a los que María Arcas dedica su conferencia, son los que “le han hablado” sobre su tema de investigación. Citados los dirigentes políticos de un bando y de otro, musulmán y cristiano, de esa segunda mitad del siglo XV, Ismael IV, Mulhacén, El Zagal y Boabil, Enrique IV, Fernando e Isabel y Juan II,pasó a describir el primer punto de la conferencia: Vera. Ciudad y Gobierno.

Vera era la capital administrativa del distrito, o Taha. Otras tahas eran Guadix, Baza o Purchena. En Vera residían los representantes delegados de la autoridad suprema de Granada para la defensa y administración de la Justicia. Unos de ellos eran los Alcaides. La Alcaidía de Vera era nombrada por el monarca granadino, con competencias administrativas y judiciales (civiles y penales). Muy cerca, en Huércal, había en esos tiempos un alcaide propio, como lo indican las cartas bermejas (que coincidían con el color de esta dinastía musulmana, el rojo) como fuente principal, conservadas en fuentes romanceadas del año 1551 (1409 y 1488) en las que se dirigían a Huércal nombramientos y concesiones de derechos. Yusuf III y Muhammad III ‘El Chiquito’, las enviaron, entre otros.

De los Alcaides, Caudillos, Gobernadores o Justicias o máxima autoridad de las ciudades musulmanas dependía la defensa de la frontera frente a Lorca y la reparación de sus fortalezas, el cobro de impuestos por ganado foráneo, el canje de prisioneros, la detención de delincuentes y el orden público y la ejecución de las penas. Personas de rango inferior que acompañaban a los Alcaides eran sus escuderos y sus criados a sueldo.

Un ejemplo de la importancia del Alcaide de Vera se demuestra en el episodio de la entrada del monarca Boabdil o el Rey Chico, desde Lorca, sobre 1485, por el paso fronterizo desde Murcia hasta la Fuente La Higuera. Hasta ese lugar llegó el de Vera para acompañarlo con su séquito hasta la ciudad de Vera y ofrecerle honores.

De entre los Alcaides de Vera más destacados, la profesora destaca sus estudios sobre uno de ellos: Aynem, al que, además, se le añadía el rango de ‘jeque’ o persona anciana y respetable y con autoridad. Fue nombrado por el rey Mulhacén y la alcazaba de Vera era su lugar de residencia, según testigos de la época.

Aynem también cobraba impuestos, como el diezmo de las cosechas, por medio de los almojarifes y al ganado foráneo por el campo de Huércal. A cuento de esto se dice que un invierno llegaron a la tierra de Vera muchísimos ganados del norte, de Baza, Cenete… La gente del lugar protestó por el exceso de cabezas y el Alcaide, obedeciendo ciegamente a sus gobernados, echó a los pastores y les quemó las chozas. Interpretaciones piadosas posteriores achacaron los siguientes cinco años de sequía en la comarca al pecado que este caudillo cometió con los ganaderos.

Se dice así mismo que Aynem nombró a otros Alcaides en Huércal y Overa, de su jurisdicción. La obligación para con éstas era defenderlas y, además, Vera las abastecía de todo lo necesario (pan, gente, sueldos y gente para su defensa).

Además, le tocó resolver muchos conflictos de frontera, como seguir los rastros de cautivos. Cuando había treguas su obligación era la de hacer frente a apresamientos ilegales, de cristianos o musulmanes, interceder y devolver a los presos en el lugar llamado como Fuente de la Higuera, etc.

También se vio implicado en pasos de conversos, como lo estudió el investigador José García Antón. Efectivamente, hubo paso o conversiones de musulmanes a cristianos y de cristianos a musulmanes. Un bonito ejemplo de ello, de un rapto, lo tenemos en el capítulo protagonizado por el casamiento de Abén Xohar, hombre de Vera, con una cristiana que entra con su padre desde Lorca y el mismo se convierte al Islam en la ciudad. Ella no lo hace porque se permitía que la mujer de un musulmán pudiera seguir siendo cristiana si lo deseaba. El padre se arrepiente de su conversión y vuelve a Lorca, reclamando desde allí a su hija, que había entrado en Vera siendo moza. Finalmente, en la Fuente de la Higuera, decide seguir siendo mujer de Abén Xohar, porque “ya era mora y casada”. El Islam lo permitía: poder casarse con una mujer cuya religión fuese ‘del libro’, es decir, cristiana o judía.

Otra autoridad en la Vera musulmana era el Cadí o Juez. Eran representantes de la autoridad máxima de Granada para impartir justicia y eran nombrados por el monarca granadino o por el cadí supremo o ‘padre santo’. Sus competencias eran civiles y penales. Las civiles incluían la elaboración de cartas de dote, escrituras, casar y descasar, particiones. Aparte de estos actos cotidianos, competencias en derecho penal, a veces junto con los Alcaides.

Uno de estos cadíes de Vera fue Abrahem Aben Yasid, al menos durante dos años, en los últimos coletazos del reino nazarí, y lo sabemos por testimonio de su hijo. Fue nombrado por Mulhacén en sus últimos años de reinado. Tenía su sede en Vera y a ella acudían gentes de otros lugares con sus pleitos, sentenciándolos. También impartía justicia en lugares tan alejados como Oria, Cantoria y otros lugares del valle del Almanzora. Otros alfaquíes o juristas le aconsejaban sobre la aplicación de la Ley.

Destacaron otras personas de menor categoría, pero necesarias para el gobierno de la ciudad, como hombres principales, adalides, almojarifes, alfaqueques, caballeros, escribanos y otros.

El segundo punto tiene que ver con el medio rural. Los testigos hablan de aldeas o pagos y alusiones al paisaje, como acuíferos, pastos, tierras, ramblas, aljibes y su explotación, la cal, la apicultura, la caza de la perdiz y el conejo con hurón, la ganadería, etc. Del medio rural destaca la investigadora los asuntos derivados del ganado foráneo, que tenía que pagar una tasa a Vera para poder pastar. Este impuesto se ha estudiado junto con otros aspectos, como el terreno que habitualmente rodeaba las ciudades musulmanas y que era comunal. Se trataba de un impuesto extra canónico y ese dinero estaba destinado a la defensa.

Los recursos hídricos eran escasos, pero permitían la explotación agrícola en pequeñas vegas, como rodeadas de terreno seco y pardo. Oasis en medio de la aridez. También había una agricultura de secano fuera de estas vegas destinada al trigo o al panizo “y otras semillas”. El diezmo se pagaba a la autoridad por medio de los almojarifes. A pesar de no haber encontrado en las fuentes nombres de dueños de fincas, terratenientes, etc., sí se deduce que debían de existir, comparando Vera con otros lugares del reino de Granada. Eran hombres principales y en esas fincas trabajaban aparceros según el tipo de contrato, de los que había gran variedad. La mayoría de la población era labradora, pero no sabemos qué tanto por ciento había de propietarios y de aparceros.

El tercer punto es el de la frontera, que supuso un modo de vida especial, tanto en tiempo de paz como de guerra. El abastecimiento de las fortalezas era fundamental. En las últimas décadas del siglo XV estaban amenazadas por la crisis económica y el abastecimiento dependía de Vera. Abastecimientos de trigo, de carneros, procedentes de la tasa mencionada. Cuando faltaban bastimentos los pueblos acudían a Vera y desde allí se enviaban.

La ponente destacó, asimismo, la cuestión de los homicianos. Eran hombres que, tras cometer crímenes y homicidios (delito de sangre con resultado de muerte, cuyo castigo dependía de la intencionalidad: talión o compensación económica, además de un año de prisión preventiva), si eran capaces de llegar a Huércal y Overa nadie podía imponerles pena alguna si no era permanecer el tiempo que se considerara estimado en dicho enclave fronterizo realizando duras labores de defensa, hasta que las autoridades consideraran que el delito ya había sido pagado con su trabajo (la estancia solía tener un mínimo de cinco años). Tras ese tiempo, el monarca los perdonaba. El testigo que lo cuenta es Fernando Merín, cristiano nuevo.

Como vemos, Vera no podía prender a estos homicianos estantes ya en Huércal y Overa. Ésta era una circunstancia especial debido al momento bélico; había que defender la frontera con Lorca como fuese. Era una adaptación a la necesidad y así lo permitía el monarca granadino en un momento desesperado de yihad frente al enemigo.

En Murcia, entre los cristianos, tenemos el ejemplo paralelo o réplica en Xiquena (Lorca), estudiado por los profesores Torres Fontes y Jiménez Alcázar. Los cristianos que habían cometido delito podían saldar allí su deuda con la justicia.

Se indica brevemente que el impuesto sobre el botín de guerra estaba grabado con un cinco por ciento. Sobre los conflictos en la costa se destaca el capítulo descubierto gracias a una carta escrita en árabe, custodiada en el Archivo Municipal de Orihuela, con fecha de 1474. Se apresan indebidamente en la costa de Vera por unos piratas ibicentos unas fustas o barcos costeros con varios vecinos musulmanes veratenses. Inmediatamente comienzan las reclamaciones a Orihuela (reino de Aragón). La carta fue escrita desde Vera por sus autoridades por la mediación de Lorca para que llegara a Orihuela. Se decía que estaban esperando durante ocho meses información sobre los capturados. Magdalena Martínez Almira, Juan Francisco Jiménez Alcázar y María Dulce Arcas realizaron el estudio documental del escrito. Una de las respuestas a esta carta está escrita en catalán-valenciano, pero nunca se supo lo que el destino deparó a estas personas.

María Arcas termina su exposición, homenajeando, dedicando la conferencia, a los testigos del pleito (arqueros, alarifes, alfaqueques, etc.), a los moriscos de ese tiempo, que sufrieron un doble cambio de identidad, tras la conquista cristiana, en 1502, a partir del cual debieron cambiar su nombre por uno cristiano, aprender una nueva lengua y cambiar sus creencias, para, tras su expulsión a África, en 1613, cumplir con la imposición, de nuevo, de volver a ser musulmanes, de volver a cambiar su nombre cristiano por uno musulmán y de volver a aprender el árabe en una tierra extraña.

Terminada su exposición la profesora respondió a las preguntas del público, entre las que destacaron las que se refirieron al habla de los moriscos, la algarabía, la del ladino de los judíos, las cuestiones sobre las motivaciones de los turcos para apoyar a los moriscos en la rebelión de las Alpujarras o sobre la supuesta ayuda de los turcos a los franceses protestantes contra los nuevos reinos católicos de la Península.

 

 

 

 


Imagenes


La catedrática María Arcas Campoy durante su intervención
 

La conferenciante con la Concejala de Cultura y miembros de la Comisión del V Centenario
 
  
 
GOOGLE FACEBOOK YOUTUBE NEWSLETTER BLOGS INSTAGRAM